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F. ENGELS

CARTA A H. SCHLÜTER


Primera edición: La colección de la correspondencia de Marx y Engels se publicó por vez primera en alemán en 1934 a cargo del Instituto Marx-Engels-Lenin de Leningrado. La segunda edición, ampliada, se realizó en inglés en 1936.
Fuente  de la versión castellana de la presente carta: C. Marx & F. Engels, Correspondencia, Ediciones Política, La Habana, s.f.
Esta edición: Marxists Internet Archive, 2010.

 

 

Londres, 30 de marzo de 1892

ME parece que el más grande obstáculo con que tropiezan ustedes en Norteamérica radica en la posición excepcional de los obreros nativos. Hasta 1848 sólo como excepción podía hablarse de clase obrera nativa permanente: en sus pequeños comienzos en las ciudades del este, los obreros albergaban siempre la esperanza de convertirse en granjeros o burgueses. Ahora se ha formado una clase obrera y también se ha organizado en gran medida sobre las líneas de las trade unions. Pero sigue asumiendo una actitud aristocrática y siempre que puede les deja las ocupaciones ordinarias y mal pagadas a los inmigrantes, de entre los cuales sólo una pequeña parte ingresa en las trade unions aristocráticas. Pero estos inmigrantes están divididos en diferentes nacionalidades y ni se entienden entre sí ni, en su mayor parte, entienden el idioma del país. Y vuestra burguesía sabe mucho mejor incluso que el gobierno austríaco, cómo indisponer a una nacionalidad contra la otra: a los judíos, italianos, bohemios, etc., contra los alemanes e irlandeses, y a cada una de estas contra la otra, de modo tal que én Nueva York existen, según creo, diferencias de niveles de vida de los diversos obreros en medida imprecedente en parte alguna. Y a esto se agrega la completa indiferencia de una sociedad crecida sobre una base puramente capitalista, sin fundamento feudal alguno, para con las vidas humanas que sucumben en la lucha competitiva: “habrá muchísimo más, y más de lo que deseamos, de esos condenados holandeses, irlandeses, italianos, judíos y húngaros”; y detrás de ellos, en el fondo, está John Chinaman[1], quien supera de lejos a todos ellos en su habilidad para vivir en la miseria.

En un país como este son inevitables las ondas constantemente renovadas de progreso seguidas por ondas igualmente seguras de retroceso. Sólo que las ondas progresivas se están volviendo cada vez más potentes, y las de reflujo menos paralizadoras, moviéndose la cosa en conjunto, a pesar de todo, hacia adelante. Pero creo que es seguro que la base puramente burguesa, sin líos preburgueses tras ella; la colosal energía correspondiente del desarrollo, que se manifiesta incluso en la alocada exageración del actual sistema aduanero proteccionista, provocará algún día un cambio que asombrará a todo el mundo. Cuando los norteamericanos se pongan en marcha lo harán con una energía y violencia comparada con la cual los europeos seremos simples niños.

 

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[1] “Juan el Chino”; es decir, el inmigrante chino. (N. de marxists.org)

 

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